El valor del emprendimiento

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En el 2017, quizás pocas personas se atreverían a catalogar a un vendedor de puerta en puerta, al dueño de una pequeña farmacia o a una ama de casa que hornea pasteles como emprendedores, aunque es indudable que hoy, emprender es una actividad en boga. Pensemos en ellos y en cuáles son los desafíos en un mundo millenial en el que emprender es tendencia. Actualmente, conceptos como start-up, pitch y coworking, que hasta no hace mucho eran desconocidos para el grueso de personas que iniciaban cualquier actividad empresarial, forman parte del argot y el lenguaje habitual de cualquiera que inicie o consolide sus pasos en el camino del emprendimiento.

En ese marco, en México, y particularmente en Yucatán, hemos presenciado el crecimiento exponencial de las herramientas de financiamiento, infraestructura especializada y programas de apoyo disponibles para emprendedores, tanto de origen público como privado. Cada día se consolidan fondos de inversión, clubes de ángeles inversionistas y eventos que promueven la cultura, metodología y valores del emprendimiento como camino de vida.

Con esas condiciones a nivel del ecosistema emprendedor, es natural que los conceptos, las ideas y los proyectos fluyan y se desarrollen de una mejor manera; seguramente muchos de nosotros hemos escuchado de aquél emprendedor que tiene el proyecto que va a detonar una nueva industria, o de aquella emprendedora que va a reinventar algún mercado. Estamos acostumbrados a que incluso en reality shows de consumo masivo como Shark Tank y Dragon’s Den, se hable de emprendedores que están creando las aplicaciones, productos y proyectos de alto impacto, que serán los nuevos Facebook o Uber de sus respectivos sectores.

Hago énfasis en el término alto impacto, porque es una de las definiciones clave de la nueva manera de hacer emprendimiento en México. La mayoría de los agentes del ecosistema están en búsqueda permanente de dichos proyectos, porque ven en ellos el potencial de crecimiento, innovación y escalamiento que se necesitan para alcanzar un desarrollo económico sostenido, equitativo e innovador.

La nueva lógica del emprendimiento de alto impacto, aplastante por las experiencias actuales de grandes empresas como Google, Airbnb y Amazon, todas de reciente creación, tiene, sin embargo, un corolario perverso para México.

Ante el axioma fundamental de que las necesidades son infinitas y los recursos son escasos, apoyar más proyectos de alto impacto, implica necesariamente dejar de apoyar los emprendimientos más básicos o tradicionales, como los ejemplos de nuestro vendedor, nuestro dueño de farmacia o nuestra repostera, que, por cierto, son la mayoría.

Un análisis simple podría decir que el razonamiento del alto impacto es correcto. A fin de cuentas, es más rentable (al menos política y mediáticamente) apoyar a los emprendedores que desarrollen el nuevo Instagram, que a quienes inician operaciones de una cocina económica, una estética o una tienda de abarrotes. Sin embargo, al analizar las motivaciones de cada emprendimiento, las consecuencias pueden ser un poco distintas.

Quienes desarrollan proyectos de alto impacto realizan un emprendimiento de oportunidad; ubican una necesidad no cubierta en el mercado y la atienden de modo innovador, mientras que los proyectos tradicionales realizan un emprendimiento de necesidad; emprenden, generalmente de modo rudimentario, para tener una fuente de ingresos digna y llevar bienestar para su familia.

Así, el debate se centra en torno a la necesidad y a la oportunidad al momento de tomar la decisión de emprender. Y ahí es donde el emprendimiento tradicional toma una verdadera relevancia. Francamente es difícil imaginar a alguien emprendiendo desde la comodidad de una vida resuelta. Los estudios de caso están repletos de historias de emprendedores que pasaron momentos realmente difíciles, iniciando empresas en garajes y cafés y que arrancaron sus proyectos básicamente bajo la premisa de la necesidad de subsistir, y que fue ese emprendimiento de necesidad lo que posteriormente detonó la creación de proyectos basados en la oportunidad, la innovación y el escalamiento productivo.

Hablamos de empresas extranjeras que iniciaron en pequeño como Apple, Microsoft o Amazon, pero también de ejemplos cercanos y empresas con las que convivimos a diario en Yucatán.

Grandes consorcios como Tiendas Chapur, Proquimia (productora del talco Las Dos Caras) y Tere Cazola, por citar tres ejemplos concretos y que anunciábamos al inicio, comenzaron bajo la premisa de emprender como una necesidad de subsistencia y en el camino perfeccionaron modelos de negocio que convirtieron sus emprendimientos tradicionales y de necesidad, en modelos de negocio de oportunidad, de alto impacto, escalables, con elevados componentes de innovación y con miras internacionales. Si los fundadores de estas empresas pudieran viajar en el tiempo, desde el momento de arranque de sus pequeñas empresas a la realidad del 2017, ¿serían tomados en cuenta? ¿pensaríamos que sus negocios tienen futuro? ¿los calificaríamos de emprendimiento con potencial de ser de alto impacto?

Al más puro estilo de un test de revista, digamos que si respondemos que no a cualquiera de las preguntas anteriores, estaríamos poniendo en riesgo la generación de miles de empleos y el bienestar de muchas familias que hoy tienen un ingreso gracias a que empresarios valientes emprendieron por necesidad y terminaron construyendo verdaderos emporios en sus sectores que a la larga se convirtieron, por supuesto, en proyecto de alto impacto.

Estos ejemplos, como muchos otros, demuestran que vale la pena emprender, como necesidad, como oportunidad y como estilo de vida.

Por ello es indispensable impulsar el emprendimiento desde la perspectiva más amplia; no basta pensar únicamente en el alto impacto; hay que atreverse a pensar fuera de la caja y propiciar que las acciones de apoyo al emprendedor lleguen a todos; a los innovadores tecnológicos, a los desarrolladores de aplicaciones, pero también y quizás especialmente a los pequeños empresarios que emprenden de manera constante y que tienen la mayor motivación de todas, que es sacar adelante a sus familias.

Ellos son el terreno más fértil para sembrar la semilla del emprendimiento, quizás ahí encontremos con mayor certeza los grandes consorcios del futuro y ellos son quienes todos los días nos demuestran el valor del emprendimiento tradicional.

 

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Por Francisco Lezama Pacheco
Director del Instituto Yucateco de Emprendedores