La era de las cucarachas

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Para iniciar unanueva entrega de este diario de un emprendedor le pido amablemente al lector que se haga una pregunta directa. Puestos a elegir, ¿preferiría ser un unicornio, o una cucaracha? Es una pregunta fuerte, que evoca sentimientos encontrados, casi escatológicos y que además no es de fácil respuesta. Hablar de unicornios es hablar de fantasía, series de televisión y figuras de peluche adorables, mientras que hablar de cucarachas es aludir, en términos generales y con el perdón de los entomólogos, a algo percibido como sucio, rastrero y que casi provoca náuseas.

Como decíamos, la pregunta es capciosa. Hablamos de elegir entre ser el protagonista de una serie de dibujos animados líder en preferencias infantiles como My Little Pony, o aparecer de manera importante en Harry Potter y la piedra filosofal, en contra de ser, en el mejor de los casos, el despreciable villano de la primera película de Men in Black. Por supuesto, atendiendo razones subjetivas de cine y televisión, uno se vería tentado a elegir ser un unicornio, pero quizás algunas razones objetivas, sin entrar a la profundidad de la zootecnia, puedan disuadir a alguno de los que siguen esta columna para elegir ser una cucaracha.

Es bien sabido que una cucaracha puede vivir en prácticamente cualquier entorno sin apenas alimento, sobrevivir a la pérdida de partes de su cuerpo, incluso la cabeza, y ser capaz de subsistir en el frío de la Patagonia y el calor de Sahara. Pocas desventajas objetivas tiene ser una cucaracha, más allá de no sobrevivir a la comparación estética con casi cualquier cosa y especialmente con un unicornio.

Elegir ser unicornio, por supuesto, también tiene sus ventajas; la belleza indiscutida, la admiración de casi todos los relatos fantásticos del planeta, los poderes mágicos e incluso el hecho de llevar en su sangre la fuente de la vida eterna; pero, en la óptica de este diario, tiene dos debilidades centrales. La primera, pidiendo perdón de antemano por el exceso de referencias Potterhead, es que, ante una nueva venida del señor tenebroso, lord Voldemort (el que no debe ser nombrado), se corre un gran riesgo de sufrir un atentado y la segunda, que en realidad es la única seria, es que no hay registro fehaciente de la existencia de unicornios reales más allá de los mitos, el cine y la televisión.

Sin embargo, volviendo al mundo real, en la literatura emprendedora se encuentra la referencia más reciente a unicornios, aunque, para decepción de muchos, tiene que ver más que nada con el proceso de creación y levantamiento de capital de los startups; lo que en México conocemos como emprendimiento. En el argot se dice que un proyecto emprendedor se cataloga como unicornio si logra generar una atracción de capital de mil millones de dólares en sus primeras rondas de financiamiento.

El término fue muy usado para describir nacimiento, crecimiento y auge de empresas como Uber, Facebook, Snapchat, Dropbox, entre otras y desde entonces y hasta aproximadamente el 2015, la búsqueda de unicornios se convirtió en una cruzada para inversionistas, innovadores, fondos de capital privado y en una obsesión para muchos emprendedores que, en la búsqueda del proyecto mágico, dejaban pasar quizás muchas oportunidades con alta capacidad de subsistencia, aunque con mucho menos appeling.

Como siempre, la realidad, en este caso la económica, puso algunas cosas en su lugar, entre ellas, el tema de los unicornios. Las turbulencias financieras mundiales, principalmente la volatilidad hacia la baja de los precios del petróleo, hizo tambalear los fundamentales macroeconómicos de los países, lo que detonó en subidas en las primas de riesgo de muchas inversiones, entre ellas las de proyectos emprendedores. Pero, también hay que decirlo, muchos proyectos de los que se catalogaron unicornio en realidad no dieron todo lo que se esperaba y se diluyeron, producto de tener tecnologías fácilmente replicables con la competencia, diferenciadores poco claros y pobres resultados de sus validaciones de mercado por factores demográficos, institucionales e incluso culturales. Sólo unos cuantos de los unicornios originales sobreviven, Facebook quizás sea el único claro y hasta ahora, se asemejan a la excepción de una regla que cada vez más parece un mito. Desde 2015, la tasa de empresas unicornio descubiertas ha ido en franco decremento y aquellas surgidas en años previos han sufrido grandes recortes a sus valuaciones, lo que hace prever la posibilidad de una burbuja en términos financieros, según publicaciones de Forbes y el Wall Street Journal.

En esos mismos foros y publicaciones, se habla acerca de un nuevo modelo qué seguir al cual, por analogía, se le llamó el negocio cucaracha. Hace referencia a la clara preferencia de los inversionistas por apostar por proyectos con un apealing estético menor que el de los unicornios, pero que presentan alta resistencia a los cambios bruscos del ambiente; con capacidad para subsistir con flujos de ingreso limitados, multiplicarse de manera sencilla, moverse de manera rápida y adaptarse a cualquier entorno de tasas de interés, precios de energéticos y cambios demográficos, entre muchos otros aspectos.

Lamentablemente, existe poca literatura de metodologías de caso de negocios cucarachas en comparación con los proyectos unicornios, quizás por el mismo motivo estético por el que, de entrada, uno se ve tentado a elegir siempre ser un unicornio. Pero por si acaso, convendría tomar nota para elegir y perfilar desde todos los ámbitos, los proyectos y modelos de negocios del futuro inmediato, de manera que estén listos para competir por funcionalidad y capacidad de subsistir, por sobre la estética y los mitos irreales en la era actual del emprendimiento, que es la era de las cucarachas.

 

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Por Francisco Lezama Pacheco
Director del Instituto Yucateco de Emprendedores