“Mamá, papá, quiero ser artista”

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Esta declaración y la pesadilla que representa para algunos padres, familiares y amigos del aspirante a artista ha sido, en el mejor de los casos, un caldo de cultivo para chistes y memes, pero también ha contribuido de modo lamentable a la estigmatización de las aspiraciones artísticas y creativas de muchos jóvenes que deciden guardar sus talentos en un cajón o una sección olvidada de su disco duro para dedicarse a un oficio “de verdad”.

¿Te suena? Ya sea este tu caso, el de algún amigo o, incluso, contacto, vale la pena que nos detengamos a reflexionar. En contraste con lo que “el sentido común” dicta, la pasión por las artes no tiene por qué restringirse a ser un hobby sino que puede traducirse a productos o servicios que pueden ser vendidos y desarrollarse en el marco de un emprendimiento. De hecho, el artista como emprendedor no es solamente una opción entre varias, sino que es la mejor opción actual para que los apasionados del arte puedan vivir de su trabajo.

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Es probable que te preguntes por qué emprender, de hecho, no es una sino la opción actual para los artistas.  El sistema que anteriormente los cobijaba tenía que ver, sobre todo, con instituciones: universidades, escuelas, museos y programas de gobierno como becas y premios. Sin embargo, como Marx predijo hace más de un siglo y medio, “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, y estas estructuras institucionales no han sido la excepción: la precarización laboral ha afectado en todo el mundo a profesores y académicos –oficios alternativos que los artistas toman con frecuencia–, mientras que los empleos en instituciones culturales tienden más hacia un perfil burócrata que creativo y, cuando no es así, por lo general funcionan bajo el esquema de colaboraciones no pagadas.

Ante este panorama, resulta comprensible que la declaración que encabeza esta nota pueda ser recibida con aprensión y desconfianza. Sin embargo, vale la pena armar un plan a medida de las propias capacidades y deseos para emprender un proyecto que sea redituable y beneficioso tanto para el emprendedor como para su comunidad.  Así, “Mamá, papá, quiero ser artista… y emprendedor” puede ser la afirmación que detone un plan de vida que se desarrolle positivamente con perseverancia, conocimiento y determinación.