Por qué el juego estimula la productividad

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¿Cuándo fue la última vez que jugaste y te divertiste como un niño? A lo mejor fue este fin de semana, quizá hace un año. Si eres afortunado, hoy mismo. 

Jugar no sólo es bueno para nuestra salud porque estimula la risa y la producción de endorfinas, sino que también es muy beneficioso si queremos optimizar nuestras capacidades y desempeño laborales. 

“¿Es en serio o estás jugando?”, quizá sea lo que pase por tu mente.

¡Es en serio! 

Quizá recuerdes esa escena de El resplandor, de Stanley Kubrick, en la que Jack Torrance –interpretado por Jack Nicholson– teclea obsesivamente en su máquina de escribir “Puro trabajo y nada de juego hacen de Jack un chico aburrido”. Sí, y minutos después la emprende contra una puerta con una hacha. 

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No nos pongamos dramáticos, pero sí hay que tomar en serio nuestra necesidad humana de jugar. La costumbre parece dictar que las palabras juego y trabajo son antónimos. Sin embargo, lo contrario de juego no es ni productividad ni utilidad, es depresión y, lo que enloqueció a Jack Torrance, aburrimiento. El juego, por el contrario, estimula nuestra capacidad de atención, concentración, al mismo tiempo que contrarresta el estrés y alienta la creatividad.

Y lo dicen los expertos: 

El Dr. Stuart Brown, psiquiatra e investigador especializado en el tema del juego, afirma en su plática El juego es más que diversión que jugar estimula el hemisferio derecho del cerebro, relacionado con la creatividad y el pensamiento divergente. Además, empresas como Google, Facebook y LinkedIn, estimulan las actividades lúdicas incluso en horarios de trabajo debido a que fomentan la confianza y la lealtad entre los compañeros de trabajo, además de que contribuyen a crear un estado de ánimo dinámico y fresco entre los participantes. 

Hay que hacer hincapié, para finalizar, que por juego entendemos aquellas actividades que fomentan la diversión saludable, involucran las habilidades para resolver problemas y cuyo propósito es el de ponernos en contacto con aquella área de nosotros mismos que estaba siempre dispuesta a aprender y descubrir el mundo cuando éramos niños.