¿Y las reglas del juego?

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En la entrada anterior hablamos sobre la importancia del juego en el trabajo: alivia el estrés, favorece la productividad y la integración de los equipos, además de que mejora el ambiente laboral. Hoy, profundizaremos más en el asunto haciendo un deslinde entre ideas que, con frecuencia, van juntas en el imaginario colectivo. Así, discerniremos mejor los beneficios de incorporar el juego al trabajo.

 

Las horas nalga no son sinónimo de productividad

En lugar de sujetarte con tornillos a tu sitio de trabajo, los expertos recomiendan que tomes descansos frecuentes. Lo recomendable es trabajar en lapsos ininterrumpidos de 20 minutos, separados por breves y creativos descansos, ya que esto se acopla con el ritmo natural que sigue nuestra capacidad de atención y concentración. Nuestra mente funciona como un músculo y los atletas saben perfectamente que en el entrenamiento son tan importantes los descansos como el esfuerzo sostenido.

 

Juego no es sinónimo de procrastinación

De modo contrario a lo que muchos piensan, muchas veces la procrastinación no es una consecuencia de la pereza, sino de un acendrado perfeccionismo. Sin embargo, sea cual sea la causa, los efectos son devastadores ya que resultan en un alto en la productividad. El juego, paradójicamente, puede aliviar la ansiedad que da origen a la procrastinación ya que alivia el estrés y nos pone en movimiento. Dividir los pendientes que tememos enfrentar en tareas más sencillas, siguiendo el patrón anterior de los 20 minutos de atención total, con descansos, pueden solucionar el problema.

 

Recomendación no es sinónimo de obligación

En la vida todo tiene su momento y lo que funciona en una etapa no es garantía de que lo hará todo el tiempo. Así, si estás completamente inmerso en tu tarea, no es necesario que te fuerces a interrumpirla para tomarte un descanso. Trabajar a un buen ritmo puede también resultar estimulante y motivador, ya que ese es precisamente el estado mental que el juego proporciona: atención plena y entrega al proceso.

 

Estricto no es sinónimo de eficaz

Sí, incorporar el juego al trabajo es muy beneficioso y es recomendable que sea tomado en serio; sin embargo, intentar institucionalizar el impulso lúdico, tratando de acoplarlo a una estructura rígida, puede ocasionar el efecto contrario al deseado. Así, forzar a los trabajadores a participar en juegos que no les interesan o en momentos en que preferirían estar ocupados en otro asunto, responde más a una imposición externa y le quita al juego su componente más importante: la espontaneidad.

“El trabajo dignifica al hombre”, dijo Karl Marx, y Johann Huizinga afirmó “la cultura surge en forma de juego”. El trabajo y el juego son los dos pilares sobre los que se sostiene la civilización y promover su convivencia armónica contribuye a crear un buen ambiente de trabajo en tu empresa y, a mayor escala, beneficia la economía y el bienestar social. Así que, ya sabes, trabajo y juego son dos caras de la misma moneda.